Lo mejor de mi
Entro en un blog titulado "LO MEJOR DE MI" y para mi sorpresa encuentro esto : un blog vacio. Y me miré a mi y examiné y miré fuera de mi -como diría Julian Marias- y vi la nada. Que fuerte. Haciendo un simil del blog y la vida: en el centro, en el interior "No hay nada todavía" Enlaces cero. El buscador no funciona. ¿Qué sería el buscador en nuestra vida? -Se admite colaboración-. Algo positivo es que la comunicación no se ha cerrado y puedes contactar con el a traves del correo: hice una prueba y funciona. Claro, tu me dirás, hay muchos blogs que están vacios; los crean para "tener" pero no los usan. Ah.
¿Es un problema sin paliativos la "solitude" en nuestro tiempo? Hasta hace un par de decenios, pocas personas vivían solas en España, a diferencia de lo que sucedía en otros países. Familias bastante numerosas y estables, vínculos sólidos, aunque no siempre apacibles, restos de servicios domésticos, todo eso hacía infrecuente la total soledad. Esta situación ha ido cambiando, ya no es así. He conocido a tres personas, en modo alguno «marginales», que han muerto solas y han sido encontradas, horas o días después, por parientes o amigos. Todavía los españoles hablan. Salen a la calle, no se confinan en sus casas, ni siquiera cuando la vejez o algunos achaques los empujan a ello. Pero en todo caso son muchos los que tienen cada día largas horas de soledad y silencio. Para muchos, la única compañía real es la televisión, y no se sabe si es un alivio o hay que compadecerlos. 
Pero hay otras formas de soledad. Hace poco, esa televisión dedicó un programa a los huérfanos. Los ejemplos elegidos eran discutibles, y también los comentarios; pero me llamó la atención la afirmación de que ahora había menos huérfanos que en el pasado. Creo que es altísimo el número de niños huérfanos de padres vivientes. Los matrimonios -o sus sucedáneos- se rompen con inquietante frecuencia; se hacen otros, que pueden romperse y reanudarse con otras personas. Los hijos, sobre todo en su niñez, son realmente huérfanos, aunque tengan una multitud de «padres» o «madres» existentes y con los cuales tengan alguna relación. Empiezan a ser frecuentes «familias» con una madre y varios hijos de padres inciertos y ausentes. ¿No es eso una forma de orfandad?

Y si pensamos en los que no viven solos, en los que no carecen de compañía -que son todavía, por fortuna, los más-, no creo que estén libres de padecer formas sutiles pero indudables de soledad. Convendría hacer el balance de las personas con quienes no se habla desde el fondo personal, o de ciertos asuntos. Las diferencias de edad son importantes. Son muchos los que no pueden -o no quieren- comunicarse con personas de edades distantes; la lengua acusa diferencias sensibles, temen «no entenderse» -o, lo que es peor, ser mal entendidos-; tropiezan, y esto es aún más probable, con la indiferencia, con la falta de interés, lo cual desanima de una comunicación que sería posible si se intentara, pero que no se intenta.

Hay otras dificultades. Son muchos los que están encasillados en ideas -llamémoslas así- fijadas de antemano, incapaces de ponerse, ni siquiera transitoriamente, en otros puntos de vista. Hay cuestiones de las que se prefiere no hablar, por temor a romper relaciones que por lo demás son preciosas. Esto produce cierto malestar, introduce una actitud que se podría llamar del Licenciado Vidriera. Cuando entre personas amigas se «evitan» muchos asuntos, aparece una fragilidad que deja amplias zonas de soledad en las almas.
Son muchas las personas que viven pendientes de quehaceres múltiples, azacanadas en cuestiones casi siempre utilitarias, entre cosas, sin espacio para entrar en sí mismas, para estar en su propia compañía. «Converso con el hombre que siempre va conmigo», escribió Antonio Machado. Esas personas hacen que el trato con ellas no rompa la soledad, porque no se las encuentra, y es que segregan su propia soledad, carecen del ámbito en que la verdadera convivencia es posible.

Todo esto reduce increíblemente el ámbito de la posible presencia cercana de otros, de lo que merece llamarse intimidad. Háganse las cuentas vitales -las únicas que de verdad importan-. Pregúntese perentoriamente con quiénes se habla desde el fondo de uno mismo, desde la última realidad, y con quiénes se puede hablar de todo.
Temo que el número de estas personas es muy escaso; en la mayoría de los casos, tal situación simplemente no se da. Algunas personas particularmente afortunadas han gozado de esta posibilidad a lo largo de gran parte de su vida; el curso del tiempo y los azares de la vida ponen término acaso a ese privilegio. Es posible que a cualquier edad se conserve esa situación maravillosa, o rebrote inesperadamente. Entonces existe la plena compañía, hay algún reducto en el que no penetra la devastadora soledad íntima.

Nada como ella hace imposible la felicidad. Con la obsesión del placer y el «bienestar» -cosas tan distintas-, son hoy pocos los que verdaderamente se afanan por lograr la felicidad que, aún precariamente, es posible en este mundo. Cuando se piensa en la situación de diversos grupos sociales, tal vez países enteros, se atiende a cosas que poco o nada tienen que ver con la felicidad.
Y, por supuesto, no se suele tener en cuenta el equilibrio entre soledad y compañía, y los grados de intensidad, cercanía, intimidad de ésta. Creo que España -y los países hispánicos en general- tienen una situación parcialmente favorable, con la que no cuentan, de la que ni siquiera se dan cuenta. Y por ello la comprometen, la cambian por otras cosas, no se preocupan de salvar lo más valioso que poseen.
Habría que preguntarse por qué se cambian las posibilidades de escapar a la soledad, de poder hablar desde la raíz, sin elusiones y velos, sin reticencias ni disimulos, con alguien. Y creo que esto, sin más, es lo más valioso de la vida. No digamos lo que tiene de exigencia de toda operación humana que pueda llamarse, aunque sea exagerando, «creación». Esta soledad íntima y difusa que afecta a tantos, ¿no será la causa principal de ese aterrador descenso de calidad, de esa decadencia universal que se anuncia y nos amenaza? 
Para mí no hay duda. Esa posibilidad humana, tan rara, tan difícil de mantener, que requiere tanta atención y esfuerzo, tanto «esmero» -para emplear una palabra en desuso-, es lo que más importa salvar, lo que nos puede permitir hacer algo que valga la pena y, sobre todo, vivir con alguna ilusión, conseguir algunos islotes de felicidad -islas bonitas- en un océano que con frecuencia es hostil, que de otro modo se cierra abominablemente sobre nosotros y elimina la capacidad de proyectar, por otro nombre, esperanza.
Y ,despues de todo, como dice un sabio persa, el amor es una enfermedad de la cual nadie quiere librarse.
El queha sido atacado por ella no intenta restablecerse, y quien la sufre no desea ser curado.
El Zahir. Paulo Coelho
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Tras el hallazgo del sabio Harvey, quien, en su laboratorio, estudia los movimientos del corazón en los sapos y pone a prueba los cimientos de la ciencia utilitaria de Bacon, van a trasladarse los términos de la anatomía al campo de la economía política, donde pasarán a designar la circulación de las riquezas y las vías de comunicación utilizadas por las mercancías y las personas.
La ciencia precedente adolecía de «dogmatismo» –pues el sabio deducía el sistema de proposiciones de sus propios conceptos, como la araña teje su cendal–, o de «empirismo», en cuanto el sabio se preocupaba sólo de recoger hechos sin penetrar en su significado. En consecuencia, Bacon exigía que se adoptara una actitud escéptica respecto a todo el saber anterior. Sin embargo, reconocía la posibilidad del conocimiento fidedigno, mas para alcanzar la verdad consideraba necesario reformar el método. El primer paso de tal reforma debía consistir en limpiar la mente de los errores («ídolos») que constantemente la amenazaban. Parte de esos errores se deben a inclinaciones del intelecto propias de todo el género humano; parte, a inclinaciones propias de ciertos grupos de sabios e incluso de ciertos individuos; parte de los errores aludidos arrancan de la imperfección e inexactitud del lenguaje, y, finalmente, parte de ellos son fruto de asimilar sin espíritu crítico, opiniones ajenas. Una vez eliminadas las concepciones falsas, es posible abordar el verdadero método de la nueva ciencia. Según Bacon, esta ciencia ha de consistir en la reelaboración racional de los hechos de la experiencia. Las premisas de sus conclusiones («axiomas medios») serán proposiciones basadas en conceptos que se hayan obtenido por medio de la generalización metódica o de la inducción.
La concepción analítica del experimento nos proporciona la condición previa de la inducción. Esta concepción, desarrollada unilateralmente, condujo, según palabras de Engels, a que Bacon (y tras él, Locke) trasladara de la ciencia natural a la filosofía el método metafísico del pensar tal como se había constituido en la ciencia de los siglos XV-XVI. En su teoría de la inducción. Bacon señaló por primera vez el valor de las denominadas instancias negativas», es decir, de la selección de casos que contradicen la generalización y que exigen, por tanto, que ésta se revise por no estar suficientemente fundamentada. En cuanto al desarrollo del materialismo filosófico. Bacon, en primer lugar, restableció la tradición y llevó a cabo –desde este punto de vista– una revalorización de las teorías filosóficas pasadas: exaltó el materialismo griego de los primeros tiempos y puso al descubierto los errores del idealismo.









